Un racimo de gardenias en medio del asfalto
Oscar Osvaldo Ramírez Hernández
Se acomoda el escote y parece que ese implante de senos va a
reventar su blusa para escapar de ella; meticulosamente, se aplica maquillaje
líquido en el rostro; luego, el polvo; delinea sus ojos con la habilidad de
cualquier mujer que se maquilla mientras viaja en el transporte público, la
primera pasada es para marcar el contorno, la segunda, para engrosarlo;
inmediatamente, sus ojos dan una apariencia visual de volumen; un poco de rubor
para crear contraste entre el color de sus mejillas y el resto de su rostro; en
el primer intento, se coloca un par de
pestañas postizas de color rosa y amarillo fosforescente; por último, llena su
sus párpados superiores de una sombra compuesta por una indiscreta diamantina
verde que, como efecto secundario, atrae las miradas hacia sus cejas
delineadas.
Lleva casi
media hora en el intento por acomodar su cabello, cuyas extensiones rubias
artificiales se resisten a ser dominadas para quedar como ella las desea.
Después de una caja de pasadores y media lata de fijador en aerosol, el
resultado es el esperado; su cabello está peinado como el de una quinceañera en
el día de su fiesta.